La legalización del cannabis en Líbano inquieta a los agricultores

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Las autoridades libanesas intentan legalizar el cannabis con fines terapéuticos, medida que inquieta a los productores de marihuana, quienes temen una caída de sus ganancias.

“Todas estas casas alrededor nuestro fueron construidas con el dinero del hachís”, explicó un campesino, que prefierió mantener el anonimato, en El Yammouné, una localidad al este de Líbano donde inmensos campos de cannabis se extienden al lado de un puesto del ejército.

Durante las últimas décadas, la producción de cannabis no dejó de crecer en esta región. Aunque su cultivo es ilegal y el tráfico de marihuana está castigado con penas de prisión, la industria del cannabis aporta millones de dólares al Líbano, lo que hace de este país el tercer productor en el mundo de plantas de cáñamo, por detrás de Afganistán y Marruecos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas.

Ante el crecimiento de la industria del cannabis en su país, el Parlamento libanés ha contemplado la legalización del consumo terapéutico de esta hierba con efectos psicoactivos y es que esta nueva legislación es impulsada siguiendo los consejos del gabinete de asesoría internacional McKinsey & Cie.

No obstante, en la localidad de El Yammouné, los dirigentes locales no disimulan su malestar ante esta medida y están expectantes ante las repercusiones para los productores locales.

“No tenemos ningún problema con la legalización, pero el principal beneficiado debe ser el agricultor. Además cuando el productor de cannabis vende su producción a un traficante, los beneficios son diez veces más elevados que los costes de producción”, asegura Hussein Chreif, concejal adjunto de El Yammouné.

Ningún otro tipo de cultivo permite conseguir unos beneficios tan elevados con unos costes de producción tan bajos en zonas con un clima árido, consideran los agricultores.

Según declaraciones de un cultivador, el precio de un kilo de hachís alcanza los 400 dólares, en función de su cualidad. Los traficantes lo venden todavía más caro a los consumidores.

El cannabis producido en el Líbano, reputado por su calidad, es distribuido en todo Oriente Próximo.

“Si el cultivo de hachís es legalizado, tienen que autorizarlo únicamente en aquellas regiones donde ya está presente”, defiende un responsable local, Jamal Chreif, quien teme que la producción se extienda por todo el país y esto disminuya los beneficios de los agricultores de su región.

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